GENERAL MANUEL GONZÁLEZ DE COSÍO (1891-1895)
Durante la primera mitad del siglo XIX, la inestabilidad política, las guerras internas, las intervenciones extranjeras y la precariedad económica limitaron la construcción de una infraestructura capaz de impulsar el desarrollo de México. A partir de 1867, la República Restaurada, con Juárez a la cabeza, sentó las bases de una mayor estabilidad, y durante el Porfiriato el país experimentó un acelerado proceso de modernización que se manifestó en la expansión de los ferrocarriles, los telégrafos, los teléfonos, los puertos, los caminos y las obras hidráulicas, aunque estos avances coexistieron con profundas desigualdades sociales.
Ante la creciente necesidad de organizar y ampliar las comunicaciones, los transportes y las obras públicas, el 13 de mayo de 1891 el presidente Porfirio Díaz decretó la creación de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP), institución destinada a concentrar bajo una misma autoridad estos ramos fundamentales para la modernización del país. Al frente de la nueva Secretaría fue designado el general Manuel González de Cosío, quien ese mismo año se convirtió en su primer titular.
MANUEL GONZÁLEZ DE COSÍO, PRIMER SECRETARIO DE LA SCOP
La mañana del 30 de junio de 1891 significó para el general Manuel González de Cosío Tamayo el inicio de una nueva etapa en su vida pública. A las doce del día, en el Salón de Embajadores del Palacio Nacional, tomó protesta como primer secretario del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas, dependencia creada por decreto presidencial el 13 de mayo de ese mismo año.
Originario de Zacatecas y de 55 años, González de Cosío llegaba a la nueva Secretaría con una larga trayectoria militar y administrativa. Había ingresado al Colegio Militar a los 17 años, participado en las fuerzas del estado de Zacatecas y combatido durante la Intervención francesa y el Segundo Imperio. Durante los seis años anteriores había estado al frente del Ayuntamiento de la Ciudad de México, experiencia en la que se involucró con importantes obras y servicios de la capital, entre ellas los trabajos del Desagüe del Valle de México, las mejoras al pavimento de sus calles y diversas obras de embellecimiento urbano.
La prensa de la época dejó algunos testimonios sobre su carácter. El Mundo lo describió como “buen patriota y excelente liberal” y como un militar distinguido y funcionario público irreprochable; por su parte, La Semana Mercantil lo consideró “un hombre modesto, notablemente íntegro”, en quien el presidente Díaz podía apoyarse para impulsar las vías de comunicación.¹ ²
Convocatoria a la toma de ley del primer ministro de Comunicaciones y Obras Públicas, el Gral. Manuel González de Cosío, 1891. AGN.
La ceremonia de toma de protesta fue solemne y breve. Ante el presidente Porfirio Díaz, y con la presencia de funcionarios, militares, representantes del comercio y periodistas, González de Cosío asumió formalmente la conducción de la nueva dependencia. Al día siguiente ocupó sus oficinas en el antiguo edificio de la Ex Aduana de Santo Domingo, acondicionado ese mismo año para albergar a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.³
Fachada principal de la antigua Ex Aduana, sede inicial del Ministerio de Comunicaciones y Obras Públicas (1891-1911). Escalera principal de la antigua Ex Aduana donde se muestra una enorme cartela en cuya base se aprecia el nombre de la nueva secretaría de Estado. Reproducción autorizada por el INAH.
La responsabilidad que recibió era considerable. La SCOP concentraba bajo una misma autoridad los principales ramos relacionados con las comunicaciones, los transportes y las obras públicas: ferrocarriles, correos, telégrafos y teléfonos; caminos, puertos, navegación y faros; obras hidráulicas, incluido el Desagüe del Valle de México, así como los monumentos y obras de utilidad y ornato.⁴ Para atender esta amplia tarea, González de Cosío contó con la colaboración de especialistas como el ingeniero Leandro Fernández, designado Oficial Mayor por sus conocimientos en el ramo.
Oficina principal del Despacho de Comunicaciones y Transportes. El Mundo, enero 13 de 1895.
El primer titular de la SCOP no era ingeniero ni provenía de una carrera técnica. Su experiencia era fundamentalmente militar, política y administrativa. Sin embargo, al frente de una institución llamada a desempeñar un papel central en la modernización del país, tendría que coordinar los conocimientos de ingenieros y especialistas con las decisiones administrativas y políticas del gobierno federal. Durante los poco más de cuatro años de su gestión, esa combinación definiría buena parte de su trabajo.
Entre 1891 y 1895, la Secretaría participó en la expansión y regulación de los ferrocarriles, la navegación y los servicios postales, telegráficos y telefónicos, además de impulsar obras portuarias, caminos, faros y otras construcciones de utilidad pública. En varios de estos ámbitos, hubo que continuar proyectos iniciados antes, mientras que en otros correspondió a su administración darles impulso, establecer reglas o concretar nuevos contratos.
La gestión de González de Cosío comenzó en un momento en que el ferrocarril y las comunicaciones se habían convertido en instrumentos fundamentales del proyecto modernizador del Porfiriato. Entre todas esas tareas, los caminos de fierro ocuparían un lugar prioritario.
LOS CAMINOS DE FIERRO SE ABREN PASO
Durante el Porfiriato, el ferrocarril se convirtió en una de las principales apuestas para modernizar la economía mexicana. La expansión de las vías férreas permitió comunicar regiones antes aisladas, facilitar el traslado de personas y mercancías y vincular los centros productores con los puertos y los mercados nacionales e internacionales. Ante la falta de recursos públicos suficientes, el gobierno de Porfirio Díaz recurrió principalmente a concesiones y subsidios para atraer capital privado, en buena medida extranjero, destinado a la construcción de grandes líneas ferroviarias. De esta manera, la red ferroviaria se convirtió en un elemento fundamental del proyecto de modernización económica del régimen.⁵
Primer ferrocarril que hizo el recorrido Puebla-Oaxaca en 1892. Reproducción autorizada por el INAH.
En esta gestión se concluyeron dos obras de especial importancia: el Ferrocarril Mexicano del Sur y el Ferrocarril Transístmico o de Tehuantepec. A fines de 1892 quedó terminada la línea del Ferrocarril Mexicano del Sur, con 367 kilómetros de extensión, que comunicó Puebla con la ciudad de Oaxaca e incorporó a esta última región de manera más directa al sistema ferroviario nacional. La inauguración de la estación de Oaxaca, el 13 de noviembre de ese año, contó con la presencia del presidente Porfirio Díaz, acompañado de funcionarios y personalidades vinculadas con el proyecto, entre ellos el propio secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. La construcción de la estación también dejó constancia del interés de Díaz por imprimir un carácter nacional a las obras públicas: ante el proyecto inicial de una estación de estilo victoriano, habría expresado: “En mi tierra, se hace la obra de cantera o no se hace”.
Estación del Ferrocarril Mexicano del Sur en la ciudad de Oaxaca. Reproducción autorizada por el INAH.
Más trascendente aún fue la conclusión del Ferrocarril Transístmico o de Tehuantepec, cuya construcción se había intentado durante varias décadas. Bajo esta administración, la obra recibió un nuevo impulso y, mediante el contrato celebrado en diciembre de 1893 con Chandos S. Stanhope contratista inglés, pudo finalmente concluirse en octubre de 1894, alcanzando una longitud de 309.617 kilómetros y comunicando los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz, y Salina Cruz, Oaxaca. La conclusión de esta vía convirtió al Istmo de Tehuantepec en un punto estratégico para las comunicaciones y el comercio, al establecer una conexión ferroviaria entre los dos océanos. Como señaló entonces Matías Romero, el ferrocarril podía convertir a Tehuantepec en un importante centro comercial y vincularlo con otras líneas nacionales y con el proyectado ferrocarril panamericano.⁶
Carta del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, 1910. SCOP.
La labor de González de Cosío en materia ferroviaria no se limitó a la construcción y conclusión de vías. Uno de sus principales logros fue convertir el Reglamento General de Ferrocarriles, expedido en 1883, en Ley el 25 de octubre de 1894. Con ello, el gobierno federal fortaleció el marco jurídico destinado a regular la explotación de los ferrocarriles, estableciendo disposiciones para garantizar y mejorar el servicio a los viajeros tanto durante los recorridos como en las estaciones terminales.⁷ Esta medida resulta especialmente significativa porque muestra el proceso mediante el cual la expansión de la infraestructura ferroviaria comenzó a acompañarse de una mayor organización administrativa y reguladora por parte del Estado.
La importancia que el gobierno de Díaz concedía al desarrollo ferroviario también se manifestó en la participación de México en los Congresos Internacionales de Ferrocarriles de San Petersburgo, en 1892, y Londres, en 1895. En ellos se presentaban los avances alcanzados por el país y, al mismo tiempo, se conocían las innovaciones y experiencias de otras naciones. Esta participación formaba parte de la estrategia del régimen para mostrar a México como un país moderno y vinculado con los adelantos técnicos y administrativos de su tiempo.
Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec. Reproducción autorizada por el INAH.
Al finalizar la gestión de González de Cosío, la red ferroviaria nacional había aumentado de 10,100 a 11,134 kilómetros. El crecimiento de poco más de mil kilómetros durante esos años refleja la importancia que adquirió este medio de transporte dentro del proyecto modernizador del Porfiriato y, particularmente, el papel que desempeñó la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas en su expansión y regulación.
NAVEGAR POR LOS CONTINENTES, ALUMBRARSE CON LOS FAROS
El desarrollo de las comunicaciones terrestres y marítimas durante esta gestión permitió ampliar los servicios de transporte y comunicación hacia regiones cada vez más alejadas. En materia de correos, celebró contratos con diversas compañías de navegación para facilitar el traslado de correspondencia, entre ellas la Compañía de Vapores de la Costa del Pacífico, la Compagnie Générale Transatlantique, la Compañía Trasatlántica de Barcelona y la West India and Pacific Steam Ship Company. Al mismo tiempo, se fortaleció la vigilancia de las oficinas postales mediante inspectores de zona, lo que contribuyó a disminuir el extravío y retraso de la correspondencia y de las publicaciones.⁸ Como muestra del reconocimiento que sus paisanos le profesaban, en 1892 fue colocado un retrato de González de Cosío en uno de los salones de la Administración de Correos de la ciudad de Zacatecas.⁹
Los muelles fiscales constituyeron otra de las obras necesarias para fortalecer la actividad portuaria y facilitar la salida de los productos de exportación. Durante su gestión, González de Cosío celebró contratos para la construcción del muelle fiscal de Laguna de Términos, Isla del Carmen, Campeche, en 1891, con el empresario J. Falero, así como del muelle fiscal del puerto de Frontera, Tabasco, con Rafael Dorantes.
El crecimiento de la navegación comercial hizo igualmente indispensable ampliar y mejorar la red de faros, encargados de orientar a las embarcaciones y reducir los riesgos de navegación en los litorales mexicanos. Al inicio de la gestión de González de Cosío existían 11 faros en la costa del Golfo y cuatro en la del Pacífico, cuya conservación y vigilancia estaban a cargo del Servicio de Faros. Entre 1893 y 1895 se impulsó la construcción de nuevos establecimientos en puntos estratégicos de las rutas marítimas.
Faro de Progreso, Yucatán. México su evolución social: síntesis de la historia política, de la organización administrativa…de Agustín Aragón, Justo Sierra y Santiago Ballescá.
Uno de los más importantes fue el faro de Progreso, Yucatán, cuya construcción estuvo estrechamente vinculada con el crecimiento de la exportación del henequén producido en las haciendas yucatecas. La SCOP modificó en 1891 el proyecto presentado por el ingeniero inglés John W. Glenn, sustituyendo la estructura de hierro originalmente propuesta por una construcción de mampostería. El faro alcanzó 36 metros de altura y fue inaugurado en 1893 por el gobernador de Yucatán, Daniel Traconis.¹⁰
Faro de la isla de los Sacrificios en Veracruz (1894), y faro del puerto de Salina Cruz en Oaxaca (1895). México su evolución social: síntesis de la historia política, de la organización administrativa…de Agustín Aragón, Justo Sierra y Santiago Ballescá. SCOP.
En Isla de Sacrificios, Veracruz, se construyó en 1894 un segundo faro, de 15 metros de altura, cuya luz alcanzaba aproximadamente 15 millas náuticas (27 kilómetros). Su ubicación, próxima al puerto de Veracruz, lo convirtió en una referencia importante para las embarcaciones que arribaban a uno de los principales puertos comerciales del país. Finalmente, en Salina Cruz, Oaxaca, se proyectó un faro sobre la llamada Colina del Oeste. El contrato con la empresa inglesa Pearson and Son Limited se celebró el 16 de diciembre de 1895, por un monto de 10,710 pesos; la obra, de 14 metros de altura, fue inaugurada al año siguiente.¹¹
Así, la ampliación de los servicios postales, la construcción de infraestructura portuaria y el establecimiento de nuevos faros formaron parte de una misma política de modernización de las comunicaciones marítimas. Estas obras contribuyeron a facilitar el intercambio de mercancías y correspondencia y ofrecieron mayores condiciones de seguridad a la navegación en los principales litorales del país.
LAS COMUNICACIONES DE ENTRE SIGLOS
El telégrafo transformó las comunicaciones ya que hizo posible transmitir información con una rapidez hasta entonces desconocida, especialmente importante para el comercio, las finanzas y la administración. En esta administración se continuó la expansión de la red telegráfica, que incorporó poblaciones de Sonora, Sinaloa, Guerrero, Colima, Oaxaca, Puebla, Veracruz, Chihuahua y Coahuila, con 1,720 kilómetros de nuevas líneas. Para 1895, la red nacional de telégrafos alcanzaba 42,552 kilómetros, muestra de la importancia que había adquirido este medio para integrar las distintas regiones del país.
El teléfono, por su parte, introdujo una nueva forma de comunicación directa y prácticamente inmediata. La Compañía Telefónica Mexicana, fundada en 1882 y entonces principal prestadora del servicio, contaba en 1891 con poco más de 800 suscriptores. Ese mismo año, se publicó el primer directorio telefónico, en el que se establecía una tarifa mensual de 6.25 pesos para líneas de hasta un kilómetro, además de diez pesos por la instalación. Aunque todavía se trataba de un servicio reservado a un reducido sector de la población, el directorio de 1891 constituye un testimonio temprano de la incorporación del teléfono a la vida cotidiana de la capital y del surgimiento de nuevas formas de comunicación personal.
El telégrafo y el teléfono representaron dos expresiones de la revolución tecnológica de finales del siglo XIX: el primero, como instrumento fundamental para enlazar ciudades y regiones a grandes distancias; el segundo, como una innovación que comenzaba a transformar la comunicación entre particulares. Ambos formaron parte del nuevo universo de comunicaciones que la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas debía ordenar, impulsar y regular.
OBRAS PÚBLICAS QUE CIVILIZAN
El crecimiento de las ciudades mexicanas durante el Porfiriato estuvo acompañado por una transformación de su fisonomía urbana. La influencia europea, particularmente francesa, se hizo presente en la arquitectura, los espacios públicos y las obras de ornato, mientras que el desarrollo económico y demográfico demandaba nuevos servicios e infraestructura. En este proceso, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas tuvo entre sus atribuciones la construcción y conservación de monumentos públicos y obras de utilidad y ornato, expresiones visibles del proyecto modernizador del régimen de Porfirio Díaz.
En este ramo, se dio continuidad y se concluyeron diversos proyectos que habían sido iniciados por la Secretaría de Fomento. Entre ellos destacó el embellecimiento del paseo de la Reforma, para lo cual Fomento había contratado desde 1889 la fabricación de 30 jarrones y sus respectivas bases de bronce. Ya bajo la responsabilidad de la SCOP, el 27 de octubre de 1891 se contrató la elaboración de ocho jarrones adicionales destinados a la glorieta de Colón.
Ignacio Pesqueira, general sonorense. Reproducción autorizada por el INAH.
La ornamentación del paseo de la Reforma también contempló la colocación de esculturas dedicadas a personajes destacados de la historia nacional, iniciativa promovida por el escritor y periodista Francisco Sosa; consistía en que cada estado de la República nombrara dos personajes históricos para ser representado en la capital. De esta forma fueron instaladas las figuras de los generales sonorenses Ignacio Pesqueira y Jesús García Morales, inauguradas el 5 de febrero de 1892; las de Fray Servando Teresa de Mier y el general Juan Zuazua, que envió el gobierno de Nuevo León, colocadas el 15 de septiembre de 1894; y las de Carlos María Bustamante y Antonio León, enviadas por Oaxaca e inauguradas el 14 de febrero de 1895.¹²
Ahuízotl e Itzcóatl dan la bienvenida a la entrada del paseo de la Reforma. Reproducción autorizada por el INAH.
Como parte de las obras de embellecimiento de la capital, en 1891 se concluyó la colocación, a la entrada del paseo de la Reforma, de las esculturas de los tlatoanis mexicas Ahuízotl e Itzcóatl, realizadas por el escultor Alejandro Casarín en bronce y colocadas sobre pedestales de mármol. La obra, terminada el 16 de septiembre de ese año, tuvo un costo de 15 mil pesos, aunque su calidad artística fue severamente cuestionada por la prensa de la época.
Patio interior de la casa del padre Miguel Hidalgo. Monumento a los Mártires de Uruapan, Michoacán. Reproducción autorizada por el INAH.
Las obras públicas también alcanzaron otras regiones del país. En Dolores Hidalgo, Guanajuato, se reparó la casa que había habitado Miguel Hidalgo y Costilla y se construyó un monumento en su honor, inaugurado el 16 de septiembre de 1891. En Uruapan, Michoacán, se levantó un monumento dedicado a los generales José María Arteaga y Carlos Salazar, los coroneles Jesús Díaz y Trinidad Villagómez, y el teniente coronel Juan González, fusilados por las tropas conservadoras; la obra, cuya primera piedra se colocó en octubre de 1891, fue inaugurada el 3 de agosto de 1893.¹³
Así, además de impulsar las grandes obras de comunicaciones y transporte, la SCOP participó en la transformación visual de las ciudades y en la construcción de espacios destinados a preservar la memoria histórica nacional. Durante los años de González de Cosío al frente de la dependencia, estas obras contribuyeron a materializar, en plazas, paseos y monumentos, la imagen de modernidad y progreso que el régimen porfirista buscaba proyectar.
UN FUNCIONARIO EJEMPLAR, HABITANTE DE COYOACÁN
La gestión del General Manuel González de Cosío al frente de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas fue el inicio de una larga trayectoria dentro del gobierno porfirista. Después de ocupar esta dependencia entre 1891 y 1895, dirigió las secretarías de Gobernación (1895-1903), Fomento (1903-1905) y Guerra y Marina (1905-1911), además de formar parte de la Junta Superior del Monte de Piedad. Su trayectoria fue reconocida también en 1893, cuando el pintor Félix Parra incluyó su figura en el plafón del Salón de Cabildos del antiguo Ayuntamiento de la Ciudad de México, dentro de una alegoría de la historia patria que reunía a personajes destacados desde la Conquista hasta el Porfiriato.
Familia del Gral. Manuel González de Cosío en su casa de Coyoacán. Reproducción autorizada por el INAH.
Pero detrás del funcionario que ocupó durante dos décadas algunas de las posiciones más importantes del gobierno de Porfirio Díaz, existió también un hombre vinculado a la vida cotidiana de Coyoacán. Entre 1893 y 1895 adquirió del ingeniero Miguel Ángel de Quevedo una porción del rancho de Panzacola, donde construyó una residencia campestre para su esposa, doña Luz Acosta Codina, y sus hijos Manuel, Julia María, Luz y Emilia. El proyecto estuvo a cargo del ingeniero José Ramón Ibarrola Berruecos, autor también del célebre Kiosco Morisco de Santa María la Ribera. La familia González de Cosío tuvo como vecinos, entre otros, a los Sánchez Gavito y al propio Quevedo.¹⁴
Quinta de campo del General Manuel González de Cosío Tamayo en Coyoacán. https://grandescasasdemexico.blogspot.com/2019/03/la-casa-gonzalez-de-cosio-acosta-en-la.html
Aquella casa de Coyoacán sería finalmente el lugar donde el General González de Cosío pasaría sus últimos años. En noviembre de 1911, después de retirarse de la vida pública, decidió establecerse definitivamente en su quinta, donde falleció el 14 de diciembre de 1913.
Su paso por la primera Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas dejó una huella que trascendió su periodo de gestión. Entre 1891 y 1895, el General González de Cosío participó en la consolidación de los ferrocarriles, la navegación y los servicios portuarios, los faros, el telégrafo, el teléfono y diversas obras públicas y de ornato. Más que una suma de obras, su administración formó parte de un momento decisivo en el que México comenzó a construir la infraestructura de comunicaciones que requería para integrarse al mundo moderno de finales del siglo XIX.
Así, el primer secretario de la SCOP no solo fue testigo del proyecto modernizador del Porfiriato: fue uno de los funcionarios encargados de convertirlo en obras concretas.