INGENIERO NORBERTO DOMÍNGUEZ SALAZAR (1911)
La agitación política con la que inició México en 1911 precipitó los cambios que se producirían a lo largo de varias décadas más, haciendo un contraste respecto a la tranquilidad casi monolítica de treinta y cuatro años de poder porfirista. Si bien, tanto adeptos como críticos del régimen reconocían numerosos aciertos, de frente a una nueva reelección del general, la mayoría lamentaba la postración social, la miseria económica de millones de mexicanos, así como el estado deprimente de una democracia que había sido sacrificada en aras del sostenimiento de la paz y de la consolidación de la riqueza nacional.¹
Impregnada de un clima de abierto rechazo a la dictadura y heredera de una tradición de señalamientos e impugnaciones en diversos periódicos, la etapa final del porfiriato sumó al exhorto de apertura y de renovación hecho por Madero, la acción decidida de diversos clubes liberales² que estaban convencidos de no permitir otra transgresión a la Constitución.
Días de bala y de revuelta
Pese al anhelo democrático y la lucha emprendida por diferentes agrupaciones oposicionistas ubicadas en diferentes estados del país, el 27 de septiembre de 1910 la Cámara de Diputados declaró reelecto a Porfirio Díaz, en la presidencia y, a Ramón Corral, en la vicepresidencia de la República. Francisco I. Madero, aprehendido en Monterrey el 15 de junio, fue acusado de incitar al pueblo a la rebelión, y de organizar desde Estados Unidos -país al que había escapado- la estrategia a seguir para derrocar a la dictadura. Una serie de acuerdos y pactos concertados con grupos disidentes, así como la expedición del Plan de San Luis fueron el resultado inmediato de las medidas adoptadas por Madero, quien también declaró nulos los comicios, estableció como ley suprema el principio de no reelección y llamó a todos los ciudadanos³ para que “de las seis de la tarde en adelante, todas las poblaciones de la República se levantaran en armas, el domingo 20 de noviembre de 1910.”⁴
Pese a que el estallido inicial de la revolución mexicana pasó por diversas fases y escenarios, Porfirio Díaz vislumbró que su gobierno perdía el control de la nación cuando, ante el panorama de creciente revuelta, el presidente William Howard Taft decidió enviar fuerzas militares a la frontera sur de los Estados Unidos con el argumento de evitar el tráfico de armas y municiones, al tiempo que ordenó movilizar barcos de guerra hacia las costas mexicanas.
En medio de una sucesión de acontecimientos que se presentaba de manera vertiginosa, Francisco I. Madero volvió de los Estados Unidos el 14 de febrero de 1911, para ponerse a la cabeza de la revolución.
La SCOP en medio del estallido revolucionario
La transición del antiguo régimen porfiriano a una revolución armada, sin duda, tocó a todas las esferas de la vida nacional. Sin embargo, una en la que dicho impacto resonó con mayor fuerza fue en la administración pública federal, particularmente, en las secretarías con funciones esenciales dentro del sistema porfirista como lo eran Gobernación, Guerra, Hacienda, y Comunicaciones y Obras Públicas.
La SCOP con veinte años de haber sido creada vivió entonces uno de los periodos más críticos del país y de su propia existencia, pues en medio de la situación de emergencia, Porfirio Díaz le encomendó la custodia del patrimonio e infraestructura del país, que, por su propia naturaleza, representaban áreas estratégicas que debían ser preservadas en su integridad, funcionamiento y prestación de servicio. Evitar trastornos, pero, ante todo, la destrucción de las comunicaciones (telegrafía, telefonía, correos), y de los transportes (ferrocarriles y buques mercantes), se convirtió en la tarea central de la secretaría, debido a que contribuían de manera vital al abastecimiento de alimentos e insumos en todo el país. Sin mencionar, el peso que ambos sectores tendrían en el desenvolvimiento de la guerra intestina que avanzaba por todo el territorio nacional.
Aunque el estado de la sociedad durante el porfiriato expresó su cara más dramática⁵, durante el largo lapso de su administración, las comunicaciones y transportes registraron un crecimiento por demás satisfactorio. Por ejemplo, para hombres como Justo Sierra, secretario de Educación, el camino recorrido en este sentido, “había sido inmenso”, pues a través de logros y grandes obras, el progreso de México había dejado de ser “insignificante” para nosotros mismos y para los demás países. De hecho, para generaciones enteras había sido “un ensueño cubrir al país con un sistema ferroviario que uniera los puertos y el centro con el interior y lo ligara con el mundo, que sirviera de surco infinito de fierro en donde, arrojado como simiente el capital extraño, produjese mieses óptimas de riqueza propia.” En síntesis, debido a la evolución en comunicaciones y transportes, la nación por fin se había puesto, desde la perspectiva de Sierra, “en relación directa con el mundo, fortificándose y crecido considerablemente, sobre todo, en comparación con nuestro estado anterior al último tercio del siglo XIX.”⁶
No obstante, su importancia, resultados y solidez, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas no pudo sustraerse a la transformación que tenía como faro y fundamento la recuperación de la democracia y la restauración de la soberanía del pueblo sobre su gobierno. Así, bajo la titularidad del ingeniero Leandro Fernández, quien desempeñó el cargo hasta el 24 de marzo de 1911, la SCOP se dispuso a experimentar de manera directa, los efectos de las decisiones políticas que, al igual que la insurrección armada, ya no tendrían un punto de regreso.
Norberto Domínguez Salazar, último secretario del porfiriato
La rapidez con la que los acontecimientos transcurrieron en los primeros meses de 1911 tuvo eco inmediato en las entidades de la administración pública federal, pues en un intento por mitigar y, eventualmente, revertir el avance revolucionario, el presidente Díaz solicitó a los integrantes de su gabinete renunciar a sus respectivos cargos para transmitir la idea de que implementaría las reformas que fueran necesarias para democratizar de manera pacífica a México.⁷
Cuatro nuevos ministros en 1911. El Ing. Norberto Domínguez, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas en el extremo izquierdo. Wikipedia
El 24 de marzo de 1911, Díaz notificó los cambios que realizaría en el círculo inmediato de su administración, conservando únicamente a los secretarios de Hacienda, José Ives Limantour, y al de Guerra, Manuel González de Cosío. Poco después nombró nuevos secretarios de estado: Lic. Demetrio Sodi, ministro de Justicia; Lic. Jorge Vera Estañol, ministro de Instrucción Pública; Ing. Manuel Marroquín y Rivera, ministro de Fomento; y al Ing. Norberto Domínguez Salazar, ministro de Comunicaciones y Obras Públicas. Todos ellos tomaron protesta de ley el 28 de marzo.⁸ En la fotografía que da fe de este hecho podemos a ver a don Norberto elegantemente vestido de frac y sombrero de copa; alto, de mirada jovial y comunicativa, usaba lentes y un bigote estilo káiser cuyos extremos se curveaban hacia arriba.
La incorporación de don Norberto, orgulloso chihuahuense de tan solo 44 años de edad -hecho singular entonces- a la alta administración del Estado, se debía a la reconocida experiencia que tenía como profesional de la ingeniería civil, ensayador de minerales y apartador de metales preciosos, junto con las carreras de Ingeniero de Minas e Ingeniero Industrial, cursadas todas en la Escuela Nacional de Ingenieros; asimismo, su desarrollo como interventor federal y ensayador de las Casas de Moneda en los estados de Durango, Sinaloa y Nuevo León⁹; y su pertenencia al grupo de Los Científicos, que dirigía prácticamente la administración del estado bajo el cobijo de las decisiones tomadas siempre por el presidente Díaz. Por otra parte, colaboró inicialmente con el grupo de ingenieros que trabajaron en la construcción del palacio Postal.
Para el Ing. Domínguez algunas de las funciones de su nuevo cargo no le eran desconocidas del todo pues se venía desempeñando desde 1903 como Director General de Correos. Se puede afirmar que, debido a la honradez, el tacto, y el sentido de competencia aportada por el Ing. Domínguez, dicha dirección alcanzó un extraordinario nivel de eficiencia que la ubicó entre las mejores del mundo, asimismo, destacó como delegado de México al Congreso de la Unión Postal Universal en Roma, Italia.
A pesar de la renovación de funcionarios, las promesas de promover reformas en materia agraria, asuntos políticos y electorales y comprometerse a acelerar las negociaciones de paz con los rebeldes, -expresadas al rendir su último informe presidencial 1 de abril-, Porfirio Díaz no logró estabilizar la situación política y social porque los revolucionarios no confiaron en las intenciones ni en el ofrecimiento que consideraban tardío. Por lo que, escalaron sus demandas y exigieron las dimisiones del presidente Porfirio Díaz y del vicepresidente Ramón Corral.¹⁰
Por si fuera poco, hacia el 10 de mayo de 1911, Ciudad Juárez cayó en poder de las fuerzas rebeldes, con lo que Francisco I. Madero decidió establecer ahí su gobierno provisional, designando un gabinete que coexistió, brevemente, con el nombrado por Porfirio Díaz. De esta forma, Madero eligió secretarios de Estado a Francisco Vázquez Gómez, en Relaciones Exteriores; Manuel Bonilla, en Comunicaciones y Obras Públicas; Gustavo Madero, en Hacienda; Venustiano Carranza, en Guerra; José María Pino Suárez en Justicia, Federico González Garza en Gobernación y, Juan Sánchez Azcona, como secretario particular. Este hecho tuvo como marco, la firma de los Tratados de Paz (21 de mayo), donde se determinó que Francisco León de la Barra, hasta entonces secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno porfirista, ocuparía interinamente la presidencia de la República, cesaría las hostilidades armadas, procedería al licenciamiento de las fuerzas revolucionarias, ordenaría la reconstrucción de las vías ferroviarias y telegráficas, iniciaría el proceso de pacificación del país y, sobre todo, convocaría a elecciones extraordinarias.
Escasos dos meses de trabajo representó para el Ing. Domínguez su muy breve paso al mando de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. En el ramo de Correos, las administraciones locales y las agencias seguían su crecimiento normal; lo mismo el movimiento de los productos que alcanzó los dos millones 500 mil pesos. En relación con el intercambio de giros postales, se hicieron extensivos los convenios con la Somalia italiana, la Indochina francesa, China y las Bahamas colonia británica. Las líneas ferroviarias seguían creciendo, llegando a una extensión de 24,646 kilómetros de los cuales 19,806 km corresponden a vías federales y el resto 4,840 km a vías realizadas por los estados.¹¹ Es importante mencionar aquí la monumental obra de comunicación, a través de los ferrocarriles, realizada por el porfiriato en cuestión de kilómetros, si tomamos en cuenta los 26,891 kilómetros de vías férreas federales realizados hasta 2017.
A diferencia de los tres primeros secretarios de Comunicaciones y Obras Públicas: González de Cosío, Mena y Fernández, tenemos la oportunidad de saber más del perfil humano del Ing. Norberto Domínguez gracias al entrañable libro “El Parral de mis recuerdos” escrito por Salvador Prieto Quimper y publicado (primera edición) por el Gobierno del Estado de Chihuahua en 1948. El autor nos comparte variada y rica información sobre uno de los chihuahuenses más ilustres de finales del siglo XIX y principios del XX. Sabemos por él que “Norbertito”, como le llamaban cariñosamente de niño, fue en su época de estudiante un apasionado de la Química, su materia favorita; que fue también de los alumnos más distinguidos en las escuelas donde asistió para su formación, y que llegó a ser uno de los discípulos favoritos del docto maestro don Justo Sierra, forjador del México moderno. Nos cuenta también la pasión que sentía por la Historia, Literatura y Poesía, así como del carácter jovial y comunicativo de que hacía derroche, aspectos que se complementaban con una gran energía a favor de la verdad y la justicia.
Don Norberto Domínguez en los años treinta. Reproducción autorizada por el INAH
Don Norberto formó un hogar feliz con doña Marina Amezcua y Aragón; tuvieron siete hijos: tres mujeres y cuatro varones: Mario, financiero y economista; Augusto, abogado, ambos se dedicaron a la banca y a las finanzas; Virgilio y Horacio, abogados acreditados también. Una última pincelada, aplicada por Salvador Prieto, termina por conformar el cuadro íntimo del ingeniero Norberto Domínguez. “Aparte de su profunda cultura, refinada educación y don de gente, dominaba varios idiomas extranjeros, lo que le abría puerta franca en todas partes. Era un narrador formidable por su amenidad y sencillez de expresión; y sus pláticas sobre cualquier tópico, especialmente sobre sus viajes, eran sencillamente encantadoras lecciones de historia y geografía económica… Así fue Norberto Domínguez. Consagró su vida al perfeccionamiento espiritual, moral e intelectual. Un gran corazón, noble y generoso. Excelente hijo, hermano, marido, padre y amigo; intachable ciudadano.”¹²
En el vórtice de una transformación irreversible, Norberto Domínguez Salazar dejó de encabezar la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas el 25 de mayo de 1911, el mismo día en que Porfirio Díaz salió de la estación de trenes de San Lázaro con rumbo al puerto de Veracruz, lugar en el que se embarcó en el vapor de correo Ypiranga, con destino a La Habana, Cuba y, posteriormente, a Europa. Casi de manera simultánea, Francisco León de la Barra rindió protesta como presidente interino de México, y Francisco I. Madero, acompañado por Venustiano Carranza, entró triunfalmente a Piedras Negras, Coahuila, en espera del nuevo proceso electoral del que resultaría contundente ganador.¹³
La sapiencia de un secretario aprovechada por la Academia
El ingeniero Domínguez ocupó una curul en la Cámara de Diputados por el Distrito de Parral del estado de Chihuahua de 1920 a 1924, durante la presidencia del General Álvaro Obregón. Alejado un tanto de la ingeniería y de la química, estuvo a cargo del Banco Nacional de México¹⁴ en su nativa Chihuahua, y también en la sucursal de la ciudad de Zamora, Michoacán, pero también compartió sus conocimientos en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Minería como profesor. Cabe señalar que muchos de los funcionaros del porfiriato fueron acogidos en la Academia por su sapiencia y prácticas, tal es el caso de don Norberto.
En la etapa final de su existencia escribió el libro “Estudios fiscales sobre el presupuesto de egresos y la Ley de ingresos de los estados mexicanos”, publicado en la ciudad de Toluca en 1928. Don Norberto Domínguez Salazar falleció el 21 de junio de 1931 a los 64 años.