INGENIERO MANUEL BONILLA (1911 – 1912)
Gran alboroto causó -la mañana del 24 de mayo de 1911- la noticia en los principales diarios de la capital respecto a que el General Porfirio Díaz presentaría su renuncia a la presidencia ese mismo día. Según las crónicas cientos de mexicanos salieron a las calles y plazas de la Ciudad de México a manifestar su júbilo. Varias fueron las causas que engendraron la revolución armada que obligó al presidente Díaz a dejar el poder: la expropiación de las tierras de las comunidades indígenas del centro y sur del país como base de su política agraria; lo mismo ocurrió con los campesinos de los estados del norte (Sonora, Chihuahua y Coahuila) cuando al establecerse las vías de ferrocarril que los unieron a los Estados Unidos y las regiones centrales de México, vieron incrementado el valor de sus tierras y por lo tanto fueron víctimas de numerosas expropiaciones. En el aspecto político dichos estados perdieron, a lo largo del porfiriato, su autonomía para nombrar democráticamente a sus jefes políticos y presidentes municipales como era tradición desde tiempos del virreinato, lo cual los irritaba al mismo grado que el hecho de las expropiaciones.¹
Primera plana del periódico Diario del Hogar 24 de mayo de 1911. Biblioteca Lerdo de Tejada.
Otro factor fundamental fue el resentimiento de una clase media en rápido crecimiento a nivel nacional -en especial en el norte- al verse apartada del poder político, del auge económico, y de que los extranjeros, estadounidenses sobre todo, tuvieran mayor participación en la economía; la inflación y el aumento de impuestos afectaban a este sector generando miles de desempleados.² No hay que olvidar también la situación muy desventajosa que tenía la clase obrera industrial mostrada en las huelgas de Cananea (minera) y Río Blanco (textil), reprimidas con lujo de crueldad. Se suman a estas causas, una crisis económica sostenida y la total prohibición de varias libertades: de pensamiento (intelectual), educativa (filosofía positivista) y sobre todo la política en cuanto a la libre asociación o formación de partidos.
La renuncia del General Díaz marcó un parteaguas en la historia de México, y se generó a partir de las elecciones del 26 de junio de 1910 cuando enfrentó a don Francisco I. Madero González, empresario y político coahuilense, en los comicios federales. Mediante fraude electoral don Porfirio fue declarado presidente de México por sexta vez consecutiva. Madero llamó al pueblo a levantarse en armas el 20 de noviembre, pero fue casi seis meses después -10 de mayo de 1911- cuando se obtuvo la primer gran victoria militar cuando las fuerzas revolucionarias dirigidas por Pascual Orozco y Francisco Villa, conformadas por campesinos, obreros (numerosos ferrocarrileros), mineros y gente de clase media desempleada, tomaron Ciudad Juárez, Chihuahua. Esto obligó al gobierno federal a pactar (Tratado de Ciudad Juárez) bajo las siguientes condiciones: renuncia del presidente Díaz y del vicepresidente Ramón Corral antes de finalizar el mes de mayo; protesta del Lic. Francisco León de la Barra –secretario de Relaciones Exteriores- como presidente interino en base a la Constitución de 1857; el nuevo gobierno prepararía nuevas elecciones para ese mismo año de 1911; y cesarían las hostilidades entre el gobierno y los revolucionarios.³
Primer gabinete de don Francisco I. Madero, a la extrema derecha el Ing. Manuel Bonilla secretario de Comunicaciones y Obras Públicas
Díaz renuncia a la presidencia
Las condiciones fueron cumplidas, el presidente Díaz envió su renuncia a la Cámara de Diputados donde fue leída y aceptada en forma casi unánime el 25 de mayo (sólo hubo 2 votos en contra: el de Benito Juárez Maza y el de José Peón del Valle); el Lic. De la Barra ocupó en interinato la presidencia del país; las nuevas elecciones tuvieron fecha: 15 de octubre de 1911, dando lugar al cese de la lucha armada y al fin del prolongado gobierno del General Porfirio Díaz Mori.
Tras la toma de Ciudad Juárez, don Francisco I. Madero organizaba ya su futuro gabinete y designaba a quienes serían sus colaboradores: Lic. Francisco Vázquez Gómez, secretario de Relaciones Exteriores; Lic. Federico González Garza, secretario de Gobernación; Lic. José María Pino Suárez, secretario de Justicia; don Venustiano Carranza, secretario de Guerra; y el Ing. Manuel Bonilla, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas.
El Ing. Bonilla y el General Juan M. Banderas a su izquierda. Reproducción autorizada por el INAH.
Bonilla nuevo secretario
El Ing. Bonilla, sinaloense de origen, se convertiría a sus 44 años en el quinto secretario de ese sector en una nueva etapa histórica del país. Realizó la carrera de Ingeniero Topógrafo en los Estados Unidos donde se nutrió de ideas progresistas. Formó parte del Supremo Tribunal de Justicia del estado de Sinaloa, asimismo, fundó la Sociedad de Artesanos de Occidente y la Sociedad Mutualista de Occidente que incorporó a los obreros, profesionistas y gente de otros oficios entre quienes fomentó la lectura, el estudio y la cooperación mutua. Como regidor del Ayuntamiento de Culiacán testimonió el fraude electoral que realizó Diego Redo de la Vega al comprar votos para ganarle la gubernatura del estado a José Ferrel (1909). Esto motivó a Bonilla a integrarse al maderismo creando en enero de 1910 el Club Antirreeleccionista en el estado de Sinaloa, una representación más en provincia del Partido Nacional Antirreeleccionista formado por Francisco I. Madero para enfrentar al presidente Díaz. Al triunfo de Madero, Bonilla se convirtió en el jefe supremo de la revolución en su estado natal.⁴
Sus críticas al gobierno federal le costaron su libertad al ingresar seis meses a la prisión de San Juan de Ulúa, de la cual salió gracias a la intervención personal del propio Madero a quien ayudó en varias ocasiones en su estado natal: colaboró para el restablecimiento de la paz entre los estados de Sinaloa y Sonora, organizó los servicios públicos en Mazatlán (alumbrado, aseo en calles, mercados, parques, etc.), e integró un cuerpo de rurales (policía). Trató de evitar –sin éxito- que el General Juan M. Banderas el “agachado” incendiara y saqueara la fábrica textil El Coloso, al negarse Diego Redo, gobernador de Sinaloa, a entregar la capital del estado a los revolucionarios en 1911.⁵ Francisco León de la Barra, presidente interino de México, le ratificó el nombramiento de ministro de Comunicaciones y Obras Públicas con que le había distinguido Madero durante su gobierno provisional en Ciudad Juárez. La protesta de ley la realizó a mediados del mes de junio en el lugar de costumbre, el Salón de Embajadores de palacio Nacional; en la revista El Mundo Ilustrado aparece su fotografía donde se aprecia muy elegante vestido de frac que resaltaba por su esbeltez y elevada estatura.
El Ing. Manuel Bonilla al realizar la protesta de ley como nuevo secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. Mundo Ilustrado 1911. Parte del vestíbulo y escalera principal del palacio de Comunicaciones y Obras Públicas. Reproducción autorizada por el INAH.
El Ing. Manuel Bonilla, de cabello ondulado, cejas pobladas y gran bigote, tuvo la fortuna de estrenar el palacio de Comunicaciones y Obras Públicas proyectado por el arquitecto italiano Silvio Contri. La elegancia de sus espacios interiores sorprendió al ingeniero, en especial la que sería su oficina, así como su impresionante exterior. Bajo su administración inicial (26 de mayo – 5 de noviembre de 1911), la telegrafía sin hilos tuvo continuidad y se realizaron nuevos proyectos como la recién inaugurada estación de Bacochibampo, cercana a Guaymas, Sonora, que se comunica con la de Santa Rosalía en Baja California; ya instaladas se encuentran las estaciones de Veracruz y Campeche, mientras que la Dirección General de Telégrafos está por adquirir tres nuevas estaciones inalámbricas para San Quintín, Bahía Magdalena y Loreto en Baja California.
Con el propósito de generar más empleos, la SCOP supervisó la urbanización de algunas zonas como las colonias La Bolsa y Morelos (donde se ubican los barrios famosos de Tepito, Lagunilla y Peralvillo); y llevó a cabo la reparación de las vías o caminos que conducen de la ciudad de México a Cuernavaca, Toluca, Tlalnepantla y Pachuca.
En el informe rendido por el presidente interino Francisco León de la Barra el 16 de septiembre de 1911 se afirma que las líneas de los Ferrocarriles Nacionales han recuperado su curso normal y con ello mejorado el comercio y la industria. Se encontraban en estudio la concesión de tres nuevas líneas: la de la estación del Balsas a los puertos de Zihuatanejo y Acapulco; la línea de Veracruz a Tampico; y la prórroga de la concesión de la vía Santa Lucrecia a Campeche.⁶ En el ramo de Correos se alcanzó la cifra de dos millones de piezas postales enviadas en el último año. Con el fin de obtener personal más idóneo para este servicio, se expidió un Reglamento para el reclutamiento y admisión de aspirantes postales.
Gabinete oficial del presidente Francisco I. Madero, noviembre 1911. De pie, al extremo derecho el Ing. Manuel Bonilla. Reproducción autorizada por el INAH.
Después de las elecciones extraordinarias del 15 de octubre de 1911 don Francisco I. Madero obtuvo la victoria rotundamente, y tomó posesión de la presidencia de México el 6 de noviembre. Al designar a su gabinete, el Ing. Manuel Bonilla fue ratificado como secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. En este breve y segundo período don Manuel atestiguó el aumento constante de las líneas ferroviarias que para ese momento alcanzaban la cifra total de 25,916 kilómetros; asimismo, le tocó firmar el contrato para la construcción del ferrocarril del Balsas al puerto de Zihuatanejo. Por otra parte, se mandó una comisión de ingenieros que estudiará la posibilidad de construir una vía férrea entre los estados de Oaxaca, Chiapas a Tabasco, Aguascalientes a Tepic, Baja California a Sonora.
Nuevos caminos
El gobierno del presidente Madero dio importancia real a la construcción de nuevos caminos y para ello creó desde enero de 1912 la Inspección de Caminos, Carreteras y Puentes con el objeto primero, de hacer un estudio de los ya construidos, y segundo, de repararlos o mejorarlos, es el caso de las vías México-Puebla, México-Toluca, Iguala-Chilpancingo, México-Veracruz y México-Pachuca.⁷ De enero a junio de 1912 se construyeron 66,700 metros de caminos nacionales empleando para ello a 1,200 trabajadores diarios. La SCOP invirtió seis mil pesos para la realización de nuevos caminos en el Distrito Sur de Baja California, y se comprometió a realizar estudios de nuevas vías para ligar la costa del Golfo con la frontera de Guatemala.
En el ramo de Correos, se instituyó el Directorio Postal con más de 150 mil direcciones postales exactas; además, se propone la creación de una Caja Postal de Ahorros que produciría grandes ventajas para la clase más humilde. Se destaca igualmente el franqueo libre de importe de la correspondencia y bultos postales de varias sociedades como el Colegio de Abogados y la Academia Nacional de Medicina. Las oficinas postales existentes alcanzaron la cifra de 2,748 en todo el país. En cuanto a los telégrafos, se anuncia la apertura pública de tres estaciones radiotelegráficas en Veracruz, Campeche e Isla Madre; al igual que el servicio telegráfico entre Payo Obispo, Quintana Roo y Corozal, Honduras británicas, quedando así enlazados México y Honduras. Quedaba establecido el servicio radiotelegráfico con las embarcaciones en el mar; asimismo, se establecieron aparatos modernos en el puerto de Veracruz para lograr la transmisión telegráfica automática a través del cable que conecta con el puerto de Campeche lográndose despachar 400 mensajes por hora. Un par de estaciones telegráficas inalámbricas estaban en construcción: en Torreón y en el castillo de Chapultepec, ambas destinadas al servicio del ejército.
El presidente Madero a punto de volar en un avión Deperdussin junto al piloto George Dyott
La primera Escuela de Aviación en proyecto
Don Francisco I. Madero fue el primer presidente en el mundo en volar en un avión, esto sucedió el 30 de noviembre de 1911. El acontecimiento tuvo lugar en los llanos de Balbuena donde el primer magistrado subió a un avión Deperdussin de la compañía “Moisant International Aviators” que promovía el uso de este moderno vehículo de transporte. Su acompañante, el piloto George Dyott, levantó el vuelo en un viaje que duró 12 minutos solamente. Este hecho hizo que el Ing. Manuel Bonilla considerase a la aviación como una nueva forma de comunicación y un moderno proyecto de la secretaría, y en ese sentido celebró un primer contrato que haría posible establecer una Escuela de Aviación dotada con la infraestructura necesaria y la instrucción requerida sin costo alguno para aquellos oficiales facultativos que desearan dedicarse a estudiar esta materia. Dos aeronaves se adquirieron entonces destinadas a la milicia, y tres jóvenes fueron enviados a la escuela “Moisant International Aviators” de Nueva York para su aprendizaje como pilotos.⁸
En cuanto a la red telefónica del Distrito Federal a fines de 1912 se contaba con 26,900 metros y se estimaban 12,800 metros más de extensión. En este sector, Bonilla celebró contrato con el ciudadano Alfredo Romero para la explotación del servicio telefónico entre la ciudad de México y pueblos del Distrito Federal, y la ciudad de Toluca, capital del Estado de México.
El Ing. Bonilla, segundo de izquierda a derecha, acompaña al presidente Madero y al general Victoriano Huerta, en el balcón de la Fotografía Daguerre. Reproducción autorizada por el INAH.
El Ing. Manuel Bonilla concluyó su trabajo como secretario de Comunicaciones y Obras Públicas el 27 de noviembre de 1912, y por instrucciones de don Francisco I. Madero ocupó a partir del día 28 del mismo mes la secretaría de Fomento, cargo que desempeñó menos de tres meses (18 de febrero de 1913) debido a la renuncia forzada del presidente.⁹ En este nuevo encargo tocó al Ing. Bonilla estar junto al presidente Madero en el balcón de la Fotografía Daguerre, inmueble donde estuvieron protegidos cuando en su camino al zócalo fueron sorprendidos por un tiroteo entre las tropas insurrectas y los cadetes del Colegio Militar que los escoltaban, justo en el inicio de la llamada Decena Trágica el 9 de febrero de 1913; al lado del mandatario se encontraba también el General Victoriano Huerta quien sería el autor del golpe de estado a don Francisco I. Madero.
Pasada la breve dictadura de Huerta, Bonilla se unió al grupo comandado por don Venustiano Carranza, que se había erigido como el Jefe del Ejército Constitucionalista, sin embargo, las ideas políticas del ingeniero no coincidieron con las de Carranza por lo cual se ganó el destierro momentáneo. Al regresar a México en 1914 Bonilla se incorporó a las fuerzas de Francisco Villa, quien le encargó poner en orden el problema agrario en el estado de Chihuahua y resolverlo, para ello promulgó la Ley Agraria y presidió la Comisión Agraria de la misma entidad.
Posterior al asesinato de Villa (1923), Manuel Bonilla salió al exilio y se estableció en El Paso, Texas y después en Nueva York, para reaparecer en la escena política mexicana en 1929 ofreciendo su apoyo a la candidatura de José Vasconcelos por la presidencia de México.
Como “un patriota liberal perfectamente equilibrado” fue considerado el Ing. Bonilla por don Jesús Flores Magón¹⁰, abogado, periodista y político, quien junto con su hermano Ricardo fundaron el periódico Regeneración (1900), trinchera desde la cual se atacaba la forma dictatorial del gobierno del General Díaz; sin duda, fue la publicación que logró mayor influencia para el cambio social y político que necesitaba el país. Jesús ocupó la secretaría de Gobernación en el gabinete de Francisco I. Madero del 29 de febrero al 26 de noviembre de 1912.
Un funcionario público, pero también escritor
Del Ing. Manuel Bonilla se reconoce, además de sus virtudes políticas, su capacidad como escritor. Con el seudónimo de Marcial, comenzó a sus 24 años a escribir pequeñas novelas y poesía en El Correo de la Tarde, diario opositor del gobierno, del que fuera director tiempo después. Asimismo, se le adjudican tres obras literarias: “Aztlán en México”, “Peregrinación de los nahoas” y “Estudio de petroglifos sinaloenses.”¹¹ Originario del poblado de San Ignacio, Sinaloa (9 de febrero de 1867), el Ing. Bonilla falleció en el puerto de Mazatlán el 17 de octubre de 1957 a la edad de 90 años.