General Francisco Zacarías Mena Ramírez (1895-1902)

General Francisco Zacarías Mena Ramírez (1895-1902)

A cuatro años de su creación, la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas había dejado de ser una institución en formación para convertirse en uno de los ministerios estratégicos del porfiriato. Los ramos desprendidos de la Secretaría de Fomento habían adquirido una organización propia y, al mismo tiempo, se habían incorporado nuevas funciones relacionadas con el desarrollo de las comunicaciones y los transportes. Para entonces, la SCOP contaba con unidades administrativas especializadas como la Dirección General de Faros, la Comisión Hidrográfica, la Dirección General de Correos y la Dirección General de Telégrafos, a las que se sumaban las áreas encargadas de los ferrocarriles y del servicio telefónico.¹

La consolidación de esta estructura confirmaba el acierto de haber creado una dependencia capaz de concentrar bajo una misma dirección buena parte de las obras y servicios que sostenían la modernización material del país. La SCOP entraba así en una nueva etapa: no solamente de organizar una institución recién creada, sino de ampliar sus capacidades y responder a las crecientes necesidades de una nación que transformaba aceleradamente sus medios de comunicación, transporte y obras públicas.

En este escenario, el relevo de Manuel González de Cosío adquirió particular importancia. El hombre elegido para ocupar la Secretaría poseía una trayectoria singular: militar de carrera, gobernador de Guanajuato, diputado, diplomático y representante de México en los principales centros financieros y tecnológicos de Europa. El 14 de noviembre de 1895, el General Francisco Z. Mena Ramírez asumió la titularidad de la SCOP.

 

FRANCISCO ZACARÍAS MENA RAMÍREZ, PRIMER RELEVO EN LA SCOP

La muerte del distinguido abogado y político Manuel Romero Rubio, ocurrida el 3 de octubre de 1895, a los 67 años, provocó un movimiento en el gabinete del presidente Porfirio Díaz. Durante once años, Romero Rubio había ocupado la Secretaría de Gobernación, donde desempeñó un papel central en la conducción de la política interior y en la consolidación del régimen porfirista.² Su ausencia obligó a Díaz a buscar un nuevo titular para esa dependencia.

Don Manuel Romero Rubio y su hija Carmen Romero Rubio Castelló. México: su evolución social…y reproducción autorizada por el INAH.

A finales de octubre fue designado para ocupar Gobernación el general Manuel González de Cosío, quien hasta entonces se desempeñaba como secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. Su salida de la SCOP abrió, a su vez, la necesidad de encontrar al segundo titular de una Secretaría que apenas cuatro años después de su creación comenzaba a adquirir una importancia creciente dentro de la administración federal.

La designación recayó en el general Francisco Z. Mena. La noticia produjo sorpresa, en buena medida porque el general llevaba varios años fuera del país. La revista El Mundo recogió el ambiente de expectación que acompañó el nombramiento y señalaba que el nuevo funcionario era considerado “hombre enérgico y de acrisolada honradez”, pero también un personaje que había permanecido alejado de la vida política nacional.³ Su larga estancia en Europa había estado vinculada a importantes responsabilidades del gobierno mexicano: fue ministro plenipotenciario en Berlín, agente financiero en Londres y, posteriormente, comisionado para estudiar los adelantos en materia de armamento en Francia y Alemania.

General Francisco Z. Mena en un acto público. Reproducción autorizada por el INAH.

Al observar alguna de las pocas imágenes que se conservan del general Mena, resulta fácil comprender la impresión que debió producir su presencia. Era un hombre de gran estatura y complexión robusta, de rostro serio y severo, casi impasible, enmarcado por una larga barba. Su aspecto reforzaba la imagen de carácter firme y disciplinado que acompañaba su reputación pública. A ello se sumaba una trayectoria forjada en el Ejército, en la política y en el servicio diplomático, que lo distinguía de un funcionario puramente administrativo.

Mena y Díaz en los llanos de San Lázaro. Reproducción autorizada por el INAH.

Su llegada a la SCOP estuvo vinculada, además, con una relación política y personal que se había construido durante décadas. Mena y Porfirio Díaz habían combatido juntos durante la Intervención francesa y participaron en algunos de los episodios militares decisivos de aquellos años, entre ellos el sitio y toma de Puebla del 2 de abril de 1867. Más tarde volvieron a coincidir en las luchas políticas encabezadas por Díaz: primero en la Revolución de la Noria y posteriormente en la Revolución de Tuxtepec. La victoria de Tecoac en 1876 abrió definitivamente a Díaz el camino hacia la presidencia y consolidó entre ambos una relación de lealtad y confianza que se prolongaría durante décadas. La cercanía no fue únicamente política: Mena mantuvo también vínculos personales con la familia del presidente y llegó a ser testigo de las bodas de sus hijos Porfirio y Luz.

En este contexto, el nombramiento de Mena adquiere un significado que va más allá de la simple sustitución de un secretario por otro. Díaz colocaba al frente de la joven Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas a un hombre de su confianza, pero también a un militar con experiencia de gobierno y a un funcionario que durante años había conocido de cerca los sistemas financieros, diplomáticos y tecnológicos de las principales potencias europeas. La SCOP quedaba así en manos de un personaje cuya trayectoria parecía corresponder con la naturaleza cada vez más estratégica de la dependencia.

Salón de Embajadores, sitio destinado para la protesta de ley de los secretarios de Estado del porfiriato. El Mundo marzo 3 de 1895.

El jueves 14 de noviembre de 1895, a las doce del día, el general Francisco Z. Mena, de 54 años, vestido con su uniforme militar de gala, recorrió los 24 metros de largo del Salón de Embajadores de Palacio Nacional para rendir la protesta de ley como segundo secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. Ante él se extendía el amplio salón, entonces cubierto por una atractiva viguería de madera, y en sus muros los retratos de cuerpo entero de algunos de los héroes de la Independencia parecían asistir, como silenciosos testigos, a la incorporación de un nuevo personaje a la historia administrativa del país.

Originario de León, Guanajuato, Mena había construido su trayectoria desde los campos de batalla de la Guerra de Reforma y la Intervención francesa hasta el Congreso de la Unión y el gobierno de Guanajuato. Después vendrían sus años de servicio diplomático y financiero en Europa. Ahora, tras quince años de ausencia, regresaba a México para hacerse cargo de una Secretaría joven, pero destinada a ocupar un lugar cada vez más importante en la transformación material de la República.

 

LA EXPERIENCIA DE GOBIERNO DE MENA FRENTE A LA EXPANSIÓN FERROVIARIA

La experiencia de Francisco Z. Mena como gobernador de Guanajuato le había permitido conocer de cerca uno de los grandes proyectos de infraestructura del Porfiriato: la expansión de los ferrocarriles. Durante su gobierno, la legislatura estatal autorizó, el 21 de diciembre de 1877, la concesión para construir una vía que comunicaría Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao, Guanajuato y León. El modelo, que buscaba involucrar a los gobiernos estatales como intermediarios para atraer capitales locales, fue seguido por otros veinte estados. Aunque posteriormente el gobierno federal optó por favorecer las concesiones a particulares, el tramo Celaya-León llegó a construirse y, finalmente, fue absorbido por el Ferrocarril Central Mexicano.

Ya al frente de la SCOP, Mena participó en una etapa distinta de la política ferroviaria: aquella en la que el gobierno federal buscaba ordenar y consolidar la extensa red construida durante los años anteriores. La Ley General de Ferrocarriles, promulgada el 29 de abril de 1899, estableció nuevas reglas para las compañías concesionarias y favoreció una mayor intervención del Estado en la organización de las vías férreas. Al mismo tiempo, permitió limitar los subsidios públicos y orientar la expansión de la red hacia las líneas consideradas de mayor interés nacional.

Inauguración del tren México-Cuernavaca al Pacífico. Reproducción autorizada por el INAH.

Una muestra del impulso que entonces experimentaban los ferrocarriles fue la llegada de la vía a Cuernavaca, cuya estación fue inaugurada el 1 de diciembre de 1897 con la presencia del presidente Porfirio Díaz, el gobernador de Morelos, Manuel Alarcón, el secretario Francisco Z. Mena, el contratista José M. Hampson y miembros del cuerpo diplomático. El municipio había cedido alrededor de 230 mil metros cuadrados para los patios y la estación. La línea, proyectada como parte de una comunicación interoceánica entre el Golfo y el Pacífico, alcanzó 292 kilómetros hasta la margen izquierda del río Balsas o Mexcala y se prolongó posteriormente otros 266 kilómetros, aunque las dificultades geográficas y el elevado costo de las obras impidieron que llegara hasta Acapulco. En el río Balsas quedaron la última estación y el puente de Ixtla, una estructura metálica levantada sobre estribos de mampostería.

La llegada del ferrocarril a Cuernavaca tenía, además, una dimensión económica y social. El nuevo medio de transporte facilitaba el acceso a una ciudad reconocida por su clima, su vegetación y su tradición como lugar de descanso y veraneo, al tiempo que reforzaba la conexión de la capital con otras regiones del país. La obra era, en ese sentido, una expresión concreta de la transformación material que la SCOP estaba llamada a impulsar.

Al concluir el periodo de Mena como secretario de Estado, la red ferroviaria federal había alcanzado 15,169 kilómetros, a los que se sumaban 1,966 kilómetros construidos por los estados y 307 kilómetros de ramales particulares, para un total de 17,442 kilómetros de vías férreas. En poco más de una década, el ferrocarril había dejado de ser un conjunto disperso de líneas para convertirse en una de las principales infraestructuras de comunicación de la República.

 

SERVICIOS DE COMUNICACIÓN

Al finalizar el siglo XIX, los servicios de comunicación se habían convertido en una expresión concreta de la modernización que impulsaba el gobierno de Porfirio Díaz. Desde la SCOP, el correo, el telégrafo y el teléfono fueron objeto de mejoras que ampliaron su cobertura, agilizaron sus operaciones y los vincularon cada vez más con las actividades económicas y administrativas del país. En este proceso, la gestión del general Francisco Z. Mena dio continuidad a una infraestructura que ya había alcanzado importantes avances y promovió nuevas medidas para hacerla más eficiente.

Caja fuerte de Correos fabricada por la Cía. Mosler, Bowen y Cook.

En el ramo postal, desde 1878 México formaba parte de la Unión Postal Universal, circunstancia que favoreció la modernización del servicio y su incorporación a una red internacional de comunicaciones. A partir del 1 de enero de 1900 se establecieron los giros postales con Estados Unidos, extendiéndose posteriormente a Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia. El desarrollo alcanzado permitió además que el Servicio Postal Mexicano participara en la Exposición Universal de París de 1900, donde recibió un reconocimiento por los avances logrados. El crecimiento de los giros postales hizo necesario reforzar la seguridad de los fondos públicos y llevó a la distribución de 152 cajas fuertes en igual número de oficinas postales entre 1899 y 1900.

Buzón en la Ciudad de México. SICT.

Se estableció un acuerdo con Estados Unidos para acelerar el intercambio de correspondencia, reduciendo en más de 24 horas el tiempo de traslado entre México y Washington, y el servicio postal quedó incorporado a todas las líneas ferroviarias. La SCOP participó también en el Censo General de Población de 1900 al disponer que la correspondencia relacionada con este primer censo nacional circulara libre de porte.¹⁰

En el servicio telegráfico, que para entonces era considerado uno de los más adelantados del mundo, el general Mena emprendió una reorganización de la Dirección General de Telégrafos, cuya estructura quedó integrada por siete secciones, dos departamentos —Archivo y Talleres— y una Oficialía de Partes. Las reformas respondían a la necesidad de adaptar el servicio a las nuevas demandas de la sociedad y del comercio. Con la franqueza que lo caracterizaba, Mena reconocía que las transformaciones eran producto de la experiencia: “No es culpa del pasado cualquier defecto que haya tenido. Las costumbres solo se modifican con las lecciones de la experiencia y el aguijón de la necesidad.”¹¹

La reorganización produjo innovaciones visibles para los usuarios. Desde diciembre de 1896, 22 oficinas telegráficas comenzaron a prestar servicio durante la noche; ese mismo mes se introdujeron en la capital las tarjetas-telegramas y, meses después, se instalaron 60 buzones en sus principales calles. En abril de 1898 se estableció el servicio de giros telegráficos, que permitió enviar pequeñas cantidades de dinero a lugares remotos y alcanzó operaciones iniciales por 150 mil pesos mensuales. En 1899 ya funcionaban 68 oficinas habilitadas para este servicio.¹²

El telégrafo extendió además sus funciones hacia otros ámbitos de la vida económica y cotidiana. Desde agosto de 1898, la Dirección de Telégrafos publicó un boletín diario de cotizaciones mercantiles y distribuyó la Carta diaria del tiempo, elaborada con información meteorológica reunida en distintos puntos del país. Este último servicio, enlazado con el de Estados Unidos, contribuyó a integrar la Red Meteorológica de América del Norte.¹³

La telefonía completaba este proceso de expansión de las comunicaciones. Durante estos años se consolidó la concesión otorgada a la Compañía Telefónica Mexicana para establecer líneas en el Distrito Federal y diversas poblaciones de provincia, al tiempo que se contemplaron nuevos contratos para empresas extranjeras interesadas en prestar el servicio en localidades ya atendidas por aquella compañía.¹⁴

La SCOP no solo administró servicios que resultaban indispensables para un país en proceso de modernización; también amplió sus posibilidades de uso y los vinculó con actividades comerciales, administrativas, financieras y de información. Correo, telégrafo y teléfono dejaron de ser únicamente medios para transmitir mensajes y se convirtieron en parte de la infraestructura que articulaba al México porfiriano.

 

A BUEN ARRIBO POR MAR

La Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas impulsó importantes trabajos en los puertos de Manzanillo, Mazatlán, Altata, Coatzacoalcos y Tampico, al tiempo que concluyó otros emprendidos años atrás. Entre estos últimos destacó el puerto de Veracruz, cuya transformación estaba llamada a favorecer de manera decisiva el comercio nacional.

Las obras comprendieron la construcción de rompeolas y diques para proteger el fondeadero, el dragado del canal de entrada, un muelle fiscal de acero, estación sanitaria, almacenes y malecones. Con ellas se buscó que embarcaciones de diverso calado pudieran entrar, permanecer protegidas y realizar con mayor facilidad sus operaciones de carga y descarga. Veracruz se consolidaba, así como la principal puerta marítima de México.

El General Díaz inaugura las obras del puerto de Veracruz. Nuevo muelle fiscal de acero. Reproducción autorizada por el INAH y la Biblioteca Francisco Xavier Clavijero-UIA respectivamente.

El 6 de marzo de 1902, el presidente Porfirio Díaz inauguró solemnemente las obras con un banquete celebrado en una de las bodegas de la aduana. En su discurso resumió la importancia de aquel momento al declarar que quedaba “abierto para siempre el puerto de Veracruz, para todos y para siempre”. La obra, cuyo costo ascendió a 30 millones de pesos, representó una de las mayores inversiones en infraestructura portuaria realizadas hasta entonces en el país.

La actividad de la SCOP no se limitó a los puertos. También se emprendieron trabajos para mejorar la navegación y las condiciones de los ríos mediante la extracción de troncos, sondeos, nivelaciones y tala de árboles peligrosos en sus márgenes. Con estas acciones quedaron despejados diversos tramos de los ríos Sotavento, Tempoal y Pánuco, en Veracruz, y Tamuín, en San Luis Potosí, entre otros.¹⁵

 

EL DESAGÜE DEL VALLE DE MÉXICO

Uno de los problemas más antiguos y graves de la capital mexicana fueron las inundaciones provocadas por su origen lacustre. Desde el siglo XVI se habían realizado diversos esfuerzos para regular las aguas del Valle de México, pero fue durante la segunda mitad del XIX cuando se emprendió una solución de gran escala: el Desagüe del Valle de México, concebido no solo para proteger a la ciudad de las inundaciones, sino también para facilitar la salida de sus aguas y residuos.¹⁶

Ing. Luis Espinosa, autor de las obras del Desagüe del valle de México. México: su evolución social...

El proyecto del ingeniero Luis Espinosa, aprobado por Porfirio Díaz en 1879, comprendió tres grandes obras: el Gran Canal, el Túnel y el Tajo de Tequixquiac. El canal, con una longitud de 47.5 kilómetros, conducía las aguas desde San Lázaro hasta las proximidades de Zumpango; desde allí, el túnel, terminado en 1894 y de poco más de 10 kilómetros, las llevaba hasta el Tajo de Tequixquiac, de donde continuaban hacia el río Tula y finalmente al Golfo de México.¹⁷

Aunque los trabajos habían comenzado años antes, la SCOP tuvo una participación fundamental en su supervisión técnica durante la etapa final. La compañía S. Pearson & Son estuvo a cargo de la construcción del Gran Canal entre 1896 y 1899. La salida de aguas por el túnel se había conseguido desde 1895, pero la inauguración solemne del conjunto tuvo lugar el 27 de marzo de 1900, en Zumpango, con la presencia del presidente Porfirio Díaz y del secretario Francisco Z. Mena, acompañados por otros miembros del gabinete.

Inauguración de las obras del Desagüe del valle de México. Reproducción autorizada por el INAH.

El costo total de la obra ascendió a 15 millones 967 mil 778 pesos con 17 centavos, una suma que da cuenta de la magnitud del proyecto. El Desagüe del Valle de México representó una de las obras de ingeniería más importantes emprendidas para resolver un problema que durante siglos había amenazado a la capital de la República. La propia SCOP publicó posteriormente la Memoria histórica, técnica y administrativa de las obras del desagüe del valle de México 1449-1900, editada en 1902 y acompañada de mapas y planos que documentaron la dimensión de aquella empresa.¹⁸

 

EMBELLECER LA CAPITAL

Entre las funciones de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas también estuvo la conservación, mantenimiento y transformación de algunos de los espacios más representativos de la Ciudad de México. Durante la administración del General Francisco Z. Mena, el Palacio Nacional, el Castillo y EL Bosque de Chapultepec recibieron numerosas obras que, aunque diversas en su naturaleza, contribuyeron a mejorar la imagen y funcionalidad de estos lugares emblemáticos.

En el Palacio Nacional se realizaron trabajos de pintura, albañilería, plomería y reparación de escaleras, además de modificaciones en caballerizas y cocheras, adquisición de muebles, cortinas y banderas. También se aplanó y pintó su fachada y se repararon y tapizaron algunos lienzos del Salón de Embajadores, espacio donde se efectuaban las tomas de protesta de los secretarios de Estado.

Palacio Nacional, 1910 y torreón del Caballero Alto del castillo de Chapultepec, 1895. Reproducción autorizada por el INAH, y El Mundo Semanario Ilustrado.

En el Castillo y Bosque de Chapultepec las obras fueron igualmente variadas: se instaló un elevador en la Gruta, una línea de cobre aislado para el servicio telefónico y se construyó una casa para el conserje; además, se realizaron trabajos de carpintería, herrería y pintura. En el bosque se mejoraron los jardines, se construyeron nuevas calzadas y una reja de 196 metros de extensión, se proyectó una terraza alrededor del ahuehuete conocido como El Centinela y se formó un gran lago. La renovación incluyó también la introducción de miles de plantas europeas y la plantación de árboles y arbustos.¹⁹

Frondosos ahuehuetes en el milenario bosque de Chapultepec. Reproducción autorizada por el INAH.

Estos trabajos coincidieron con una de las celebraciones más populares de la época: el Combate de Flores, que cada primavera reunía en Chapultepec a familias y visitantes entre carruajes y, posteriormente, automóviles adornados con flores. La conservación de los antiguos ahuehuetes y el cuidado de jardines y caminos hicieron del bosque uno de los espacios más entrañables de la capital.

A Mena le correspondió asimismo participar en la conclusión de algunas obras de ornato que modificarían de manera perdurable la fisonomía de la ciudad. Tal fue el caso del paseo de la Reforma, cuyo embellecimiento había comenzado durante la administración de su antecesor, Manuel González de Cosío. Entre 1896 y 1899 se incorporaron las esculturas enviadas por diversos estados de la República, realizadas por el maestro Jesús F. Contreras, que representaban a destacados personajes de la historia nacional. A ellas se sumaban los monumentos a Cristóbal Colón y a Cuauhtémoc, instalados en 1877 y 1887, respectivamente.²⁰

Mediante un contrato con la compañía Siemens & Halske de Berlín, se instalaron en el paseo de la Reforma 21 candelabros ornamentales con lámparas eléctricas de arco, que iluminaron la Calzada de la Reforma.²¹ Así, el paseo bien iluminado se consolidaba como uno de los espacios más concurridos y representativos de la capital, escenario de la nueva imagen urbana que el régimen buscaba proyectar.

 

EL PALACIO LEGISLATIVO: UN PROYECTO DE ALCANCE INTERNACIONAL

En esa misma etapa, la SCOP intervino en uno de los grandes proyectos arquitectónicos del Porfiriato: el Palacio del Poder Legislativo Federal. El 23 de abril de 1897 convocó a un concurso internacional para su diseño y construcción, al que llegaron 57 proyectos procedentes de México y de países como Alemania, Bélgica, Canadá, España, Italia, Estados Unidos, Francia y Guatemala.

Maqueta del palacio Legislativo. Reproducción autorizada por el INAH.

Ninguno obtuvo el primer lugar. El segundo fue compartido por los proyectos de Adamo Boari, P. J. Weber y Pio Piacentini y Filippo Nataletti; posteriormente, el jurado consideró que el proyecto Magentas, del napolitano Pier Paolo Quaglia, era el que mejor respondía al programa arquitectónico requerido. La muerte de Quaglia impidió que pudiera llevarlo a cabo, por lo que el gobierno encargó al arquitecto Emilio Dondé su construcción.

Para levantar el edificio se expropiaron casas y terrenos destinados a formar la Plaza de la República. En diciembre de 1899 se aprobó el proyecto de Dondé y comenzó la cimentación del que estaba destinado a convertirse en uno de los grandes símbolos arquitectónicos del régimen.²²

 

TRANSPORTE A VELOCIDAD ELÉCTRICA

La llegada de la electricidad transformó también el transporte público de la Ciudad de México. Los tradicionales tranvías de mulitas, utilizados desde décadas atrás en las principales ciudades del país, comenzaron a sustituir la tracción animal por la eléctrica. El cambio exigió reconstruir las vías para soportar el mayor peso del nuevo material rodante y permitir velocidades superiores, además de instalar oficinas, depósitos y una planta generadora de electricidad. Uno de los principales centros de esta transformación fue Indianilla, en la entonces colonia Hidalgo —llamada después Doctores—, donde se establecieron las instalaciones para los nuevos tranvías eléctricos. Con el tiempo, Indianilla se convertiría también en un conocido referente urbano por los caldos de gallina que inicialmente se preparaban para los trabajadores y que terminaron ganando fama entre los habitantes de la ciudad, sin distinción de clases.

Estación de tranvías eléctricos en el zócalo. Reproducción autorizada por el INAH.

El 15 de enero de 1900 se inauguró el servicio de tranvía eléctrico entre la Ciudad de México y Tacubaya; poco después, el 2 de febrero, entró en funcionamiento la vía México-Guadalupe Hidalgo y, el 21 de marzo, la de Peralvillo-Belén.²³ La transformación avanzaba con rapidez; el 30 de junio de ese año, la Compañía de Ferrocarriles del Distrito Federal había desarrollado 257.7 kilómetros de vías urbanas, foráneas y de servicio, y obtuvo autorización para extender la tracción eléctrica e importar, libres de derechos, los materiales necesarios para ello.

La ciudad comenzaba así a experimentar una nueva forma de desplazamiento: más rápida, moderna y vinculada a la electricidad, uno de los signos más visibles del cambio tecnológico que acompañó a la administración porfiriana.

 

EL BALANCE DE UNA GESTIÓN

El 10 de septiembre de 1902, el General Francisco Z. Mena concluyó su gestión al frente de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Poco antes, el Senado había ratificado su ascenso a General de División, reconocimiento que coronaba una larga trayectoria al servicio del país.²⁴

Más allá de este reconocimiento, lo que distinguió a Mena como secretario fue la capacidad para dar continuidad y, al mismo tiempo, imprimir mayor alcance a los trabajos de una Secretaría todavía joven. Durante sus años al frente de la SCOP, los ferrocarriles ampliaron considerablemente su extensión y comenzaron a someterse a una regulación más ordenada; los servicios de correos, telégrafos y teléfonos incorporaron nuevas modalidades; los puertos recibieron obras destinadas a favorecer el comercio; y grandes proyectos hidráulicos, urbanos y de infraestructura fueron supervisados o concluidos bajo responsabilidad de la dependencia.

General de División Francisco Z. Mena. México, su evolución social...

En la Ciudad de México, la gestión de Mena coincidió además con una transformación que los habitantes podían apreciar directamente: la renovación de Chapultepec, la continuidad del embellecimiento del Paseo de la Reforma, la modernización de edificios públicos y la llegada de los tranvías eléctricos. De esta manera, la SCOP no solo administraba servicios de comunicación y transporte: intervenía cada vez más en la construcción material de la vida nacional.

Mena dejó la Secretaría después de poco más de seis años de gestión, pero durante ese periodo contribuyó a consolidar una institución que comenzaba a adquirir una dimensión estratégica dentro del gobierno federal. La SCOP se había convertido en el espacio desde el cual el Estado podía planear, regular, supervisar y ejecutar obras destinadas a comunicar, integrar y modernizar el territorio nacional.

El General Mena pasaría después a la Secretaría de Guerra y Marina y posteriormente regresaría al servicio diplomático. Sin embargo, su paso por Comunicaciones y Obras Públicas permite reconocer una de las etapas decisivas en la consolidación de esta dependencia cuyas obras y servicios dejaron de ser esfuerzos aislados para formar parte de una política más amplia de infraestructura y modernización del país.

 

REFERENCIAS

¹ Omar Guerrero, et.al., “Crónica de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes: 1891-1991”, Revista de Administración Pública, Sector Comunicaciones y Transportes, México, INAP, No. 79, 1991, p. 96.
² La ausencia de Romero Rubio significó una pérdida invaluable para el régimen. Desde su reincorporación al segundo gabinete porfirista fue responsable de la Secretaría de Gobernación, pieza básica en la conducción de la política interior para garantizar la estabilidad del sistema político, a través de la reelección indefinida, la organización de los procesos electorales (1888 y 1892), y ser el mecanismo de enlace con los gobiernos estatales. (Maddelyne Uribe Delabra, Manuel Romero Rubio y la construcción del poder político durante el Porfiriato, 1884-1895, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2018, p. 2). Hábil para resolver conflictos, negociar, delinear directrices e idear fórmulas para sostener la “tranquilidad” en el país, el secretario sostuvo alianzas y propició consensos que abonaron al fortalecimiento del poder presidencial. Asimismo, ayudó a consolidar el andamiaje administrativo con la introducción de esquemas de dirección, gestión (planificación) y negociación (cálculo), beneficiosos en más de un sentido en los tres niveles de gobierno, nacional, regional y local. (Ibidem., pp. 3-4). La consolidación institucional se tornó ineludible en medio de una crisis fiscal y financiera del Estado mexicano que había rebasado el terreno puramente económico e impactaba a la esfera política.
³ “El nuevo ministro de Gobernación”, El Mundo, 27 de octubre de 1895, p. 9.
Todas estas actividades avalaban a Francisco Z. Mena como servidor público en el ámbito diplomático y de los negocios internacionales, un área prioritaria para el gobierno de Porfirio Díaz. En este renglón, cabe mencionar que, hasta antes de 1884, el gobierno mexicano no alcanzó un acuerdo favorable en las negociaciones de la reconversión de la deuda externa con los tenedores de bonos europeos. Sin embargo, debido a la intervención de Mena en 1886, se redujo el monto del capital reconocido como deuda, lo cual despejó uno de los obstáculos que había impedido el desarrollo del país a lo largo del siglo XIX (Carlos Marichal, “Las estrategias de la deuda durante el Porfiriato: La conversión del empréstito de 1888 y el papel de Banamex como la banca del gobierno”, En: Falcón, Romana y Raymond Buve (comp.), Don Porfirio presidente…, nunca omnipotente. Hallazgos, reflexiones y debates. 1876-1911. México, Universidad Iberoamericana-Biblioteca Francisco Xavier Clavijero, 1998, p. 50).
Con este hecho Porfirio Díaz va a quedar habilitado para competir en la política nacional, en la vida pública de México; situación que quizá él nunca intuyó o aspiró antes de este triunfo militar.
Sergio Ortiz Hernán. Los ferrocarriles de México. Una visión social y económica. 1. La luz de la locomotora. Vol. 1. México, Ferrocarriles Nacionales de México, 1987, pp. 176-179.
Ortiz Hernán, Op. cit., p. 214. Las líneas fueron: 1) Ciudad de Chihuahua-puerto de Sonora o del norte de Sinaloa; 2) Ciudad de México-puerto del estado de Guerrero; 3) Punto del Ferrocarril Mexicano (entre Orizaba y Veracruz)-punto del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec; 4) Guadalajara-Tepic-Mazatlán; 5) Guadalajara (u otro punto del Central)-Colima-Manzanillo; 6) Ferrocarril Nacional de Tehuantepec-frontera con Guatemala; 7) Ferrocarril Nacional de Tehuantepec-estados de Tabasco y Campeche.
México a través de sus informes presidenciales. T. 8. Secretaría de la Presidencia, México, 1976, p. 100.
Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana Gral. Francisco Z. Mena corresponde al período transcurrido de 1° de julio de 1899 al 30 de junio de 1900, México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1901, p. 114.
¹⁰ Alicia Gojman de Backal y Laura Edith Bonilla, Historia del correo en México, México, Miguel Ángel Porrúa-Servicio Postal Mexicano, 2000, p. 128.
¹¹ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana General Francisco Z. Mena corresponde a los años transcurridos del 1° de julio de 1896 a 30 de junio de 1899. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1900, p. 161.
¹² México a través de sus informes presidenciales, Tomo 8, Secretaría de la Presidencia, México, 1976, p. 88.
¹³ México a través de sus informes presidenciales, Tomo 8, Secretaría de la Presidencia, México, 1976, p. 90.
¹⁴ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana Ingeniero Leandro Fernández corresponde al período transcurrido de 1° de julio de 1902 a 30 de junio de 1903. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1904, p. 252.
¹⁵ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana Gral. Francisco Z. Mena corresponde al período transcurrido de 1° de julio de 1900 al 30 de junio de 1901, México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1902, pp. 41-42.
¹⁶ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana Gral. Francisco Z. Mena corresponde a los años transcurridos de 1° de julio de 1891 al 30 de junio de 1896. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1899, p. 141.
¹⁷ Agustín Aragón, Justo Sierra, Santiago Ballescá. México su evolución social: síntesis de la historia política, de la organización administrativa… México, 1902, pp. 317-318.
¹⁸ Agustín Aragón, Justo Sierra, Santiago Ballescá. Óp. Cit.
¹⁹ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana Ingeniero Leandro Fernández corresponde al período transcurrido del 1° de julio de 1902 a 30 de junio de 1903. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1904, p. 96.
²⁰ Edgar Tavares López. Reforma un paseo con historia. Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios S. A. – Fundación 2010 Conmemoraciones, México, 2008, p. 24.
²¹ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana General Francisco Z. Mena corresponde a los años transcurridos del 1° de julio de 1896 a 30 de junio de 1899. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1900, p. 81.
²² Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana General Francisco Z. Mena corresponde a los años transcurridos del 1° de julio de 1896 a 30 de junio de 1899. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1900, p. 64.
²³ Memoria presentada al Congreso de la Unión por el secretario de Estado y del Despacho de Comunicaciones y Obras Públicas de la República Mexicana General Francisco Z. Mena corresponde al período transcurrido de 1° de julio de 1899 a 30 de junio de 1900. México, Tipografía de la Dirección General de Telégrafos, 1901, p. 77.
²⁴ Cámara de Senadores. Sesión del día 16 de Abril de 1902. Presidencia del C. Senador Gumersindo Enríquez. Comunicaciones. - Ratificación del nombramiento de General de División hecho en favor del General de Brigada Francisco Z. Mena, p. 347. Disponible en: https://infosen.senado.gob.mx/documentos/DIARIOS/1901_09_06-1902_09_15/1902_04_16_O.pdf Consulta realizada el 3 de marzo de 2020.