Día Nacional del Ingeniero

Día Nacional del Ingeniero

Palacio de Minería, julio 4 de 2019

LA INGENIERÍA Y EL HUMANISMO: PALABRAS DEL ING. JAVIER JIMÉNEZ ESPRIÚ

Estimadas y estimados colegas y amigos:

Tengo hoy el privilegio de dirigirme a ustedes con la representación del ciudadano presidente de la República, Lic. Andrés Manuel López Obrador, para expresarles su felicitación y su reconocimiento con motivo del Día Nacional del Ingeniero y con ello su invitación a trabajar con entusiasmo y patriotismo para lograr un México menos desigual, en el que se destierre la pobreza que hoy padece la mitad del pueblo, que se termine la exclusión que enfrentan tantos millones de compatriotas y que sea accesible para todas y todos la posibilidad de ejercer los derechos que establecen nuestras leyes. Un México justo, en el que, sin excepción, toda persona tenga la garantía de una vida digna y la oportunidad de superarse.

El ingeniero –nos señalaba Emilio Rosemblueth- no puede estar hecho sólo de las ciencias de la ingeniería; la cultura, la sensibilidad social, la ideología, la economía, la política, la filosofía, el arte,... son ropajes de los que no se puede desprender

El ingeniero Javier Jiménez Espriú, invitado de honor en la celebración del Día del Ingeniero en el palacio de Minería. SCT.
El ingeniero Javier Jiménez Espriú, invitado de honor en la celebración del Día del Ingeniero en el palacio de Minería. SCT.

 

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En este propósito, quienes hemos logrado estudiar y ejercer una profesión como la ingeniería, tenemos una responsabilidad superior, que debemos entender y emprender en los ámbitos más diversos, “el ingeniero –nos señalaba Emilio Rosemblueth- no puede estar hecho sólo de las ciencias de la ingeniería; la cultura, la sensibilidad social, la ideología, la economía, la política, la filosofía, el arte,... son ropajes de los que no se puede desprender”.

Confirmando esta idea, aquí, en el Palacio de Minería que hoy nos acoge, cuna, sede y símbolo de la Ingeniería Mexicana, hace menos de un año, recordábamos, ante el presidente electo López Obrador, que en este recinto, la primera Casa de la Ciencia en América, surgieron los primeros ingenieros de Minas, que además de los conocimientos profesionales, aquí abrevaron los valores que los llevaron a incorporarse a la lucha libertaria de la Independencia y ser protagonistas fundamentales de la primera transformación social de nuestra nación: Mariano Jiménez, Casimiro Chovell, Rafael Dávalos, Ramón Fabié, Vicente Valencia, “aquella pléyade de sabios que abandonaron las tablas de cálculo, las sustancias químicas y los instrumentos de mineralogía, para empuñar el fusil y la espada” al lado de don Miguel Hidalgo y ofrendar con él sus vidas por la libertad de las nuestras y la independencia de la Patria, ejemplo por el cuál, sus nombres honran el patio de esta casa. Que este mismo edificio recoge, de la mente iluminada de don Benito Juárez, su visión de estadista y su herencia reformadora. Consciente de la importancia para un pueblo de la formación de sus hombres en las áreas fundamentales para el desarrollo de una nación que lucha por su identidad y su permanencia autónoma y soberana, crea el 2 de diciembre de 1867, la Ley Orgánica de Instrucción Pública para el Distrito Federal, y dentro de ella, la Escuela Especial de Ingenieros que aquí se aloja. A las carreras primigenias de los mineros, se suman en ese momento las de Ingeniero Civil, Topógrafo e Hidromensor, Geógrafo e Hidrógrafo y la de Ingeniero Mecánico. La ingeniería mexicana se incorporaba así, como elemento esencial de la segunda gran transformación nacional.

La Revolución Mexicana se nutre también con la participación de ingenieros que se formaron entre los muros de este viejo edificio y en las escuelas de ingeniería del país que tienen aquí su origen e inspiración y cuyas aportaciones a la tercera gran transformación nacional son de una importancia excepcional. Ingenieros que, en diversos momentos de su historia, han construido y restaurado la Patria en lo físico, en lo intelectual, en lo político, en lo social: hijos de esta Escuela se dieron de alta en 1914 en los cuerpos de defensa, para luchar contra los invasores en Veracruz; otros: los Pastor Rouaix y los Julián Adame, Constituyentes del 17, personajes fundamentales de las leyes agrarias y de los artículos 27 y 123 de la Constitución Federal, fueron claves en la tercera transformación de nuestra nación.

Presidentes visionarios crearon, por su confianza en la ingeniería mexicana, la Comisión Nacional de Irrigación, la de Caminos y el Instituto Politécnico Nacional.  Se logró construir, con el talento y el esfuerzo de sus hijos, el México moderno, e hicieron posibles, entre otras cosas, la Expropiación Petrolera y la Nacionalización de la Industria Eléctrica

Presidentes visionarios crearon, por su confianza en la ingeniería mexicana, la Comisión Nacional de Irrigación, la de Caminos y el Instituto Politécnico Nacional.  Se logró construir, con el talento y el esfuerzo de sus hijos, el México moderno, e hicieron posibles, entre otras cosas, la Expropiación Petrolera y la Nacionalización de la Industria Eléctrica.

Sin embargo, en momentos non gratos de nuestra historia, que estamos obligados a superar, caímos en los excesos de quienes desprecian lo que nosotros hacemos y ven con admiración e incluso con actitud servil, todo lo que viene de allende nuestras fronteras, aunque no sea mejor que lo nuestro.

Hoy, el presidente López Obrador, sabiendo que aquí se encuentra una multitudinaria representación del talento nacional de los ingenieros mexicanos de todas las especialidades, a los que se suman cientos de miles en el campo, el gabinete, en el laboratorio y en las aulas, nos convoca a participar con entusiasmo, patriotismo y una honestidad a toda prueba, en la Cuarta Transformación de la vida pública de la nación, cuyo propósito es acabar con la exclusión de millones de mexicanos, lograr el desarrollo regional sustentable y fortalecer el mercado interno y la economía nacional; abatir la inseguridad, la pobreza, la marginación, con énfasis en aquellas zonas que se encuentran menos atendidas; garantizar para todos y para los más de un millón de nuevos compatriotas que nacen cada año: servicios de salud, educación, seguridad y empleo y el pleno ejercicio de los derechos humanos, así como la soberanía alimentaria y energética de la nación, ¡bienestar en suma para todos! Para ser con nuestra fortaleza interna, una nación respetable y respetada en el mundo.

Sabe el presidente que para ello, la presencia de una ingeniería nacional del más alto nivel, fortalecida, rescatada, de honestidad absoluta, con compromiso y sensibilidad social, con respeto al individuo y a la naturaleza, a nuestra idiosincrasia, a nuestra cultura, a nuestro patrimonio y a nuestros valores y con una colaboración estrecha entre el sector público, el privado y el social, es imprescindible. Es consciente de que no bastará la inversión pública, así sea enorme el esfuerzo que hagamos, para atender las grandes necesidades nacionales de infraestructura, pero confía en que ésta será un detonante, un capital semilla que estimulará una amplia participación de la inversión privada y la social en este renglón fundamental y que, en ello, como en todo, su lucha contra la corrupción y la impunidad, sin simulaciones ni interpretaciones cómodas, debe ser y será parte inexcusable de la actuación del gobierno de la República.

La labor de los ingenieros, que con frecuencia se ha considerado limitada a la eficacia del trabajo técnico que se nos encomienda, debe trascender esas estrechas fronteras, para abarcar las sensibilidades de la sociedad a la que servimos y a la que nos debemos, y participar en las grandes decisiones nacionales; debe superar la fría aplicación de la técnica, cuya excelencia no debemos soslayar, para atender los sentimientos de la población. Debemos, en suma, aplicar con ética y precisión nuestros conocimientos técnicos, sin dejar de tomar en cuenta todo lo demás.

Y lo demás, que no es lo de menos, se refiere al conocimiento de los problemas sociales, de las necesidades existenciales del pueblo, de los requerimientos vitales de las comunidades y de los individuos, que debemos subsanar; en suma, a la solución integral, sustentable, eficiente y moderna de los problemas que enfrentamos, para hacer posible la validez de los derechos ciudadanos a la salud, a la alimentación, a la educación, a la cultura y a las tradiciones; a la vida digna, al ejercicio libre de todos, a la participación ciudadana informada, a la democracia en suma.

Entre los problemas a enfrentar, está la propia crisis de la ingeniería mexicana que ha provocado, en síntesis, el debilitamiento de grupos de especialistas del sector público y de empresas en el privado y de los escasos grupos de excelencia en la investigación; la transformación de los pocos esfuerzos supervivientes en grupos de maquila y la cada vez más preocupante migración de ingenieros al exterior.

El futuro de México requiere de una ingeniería nacional y nacionalista, fortalecida, activa, consciente de su responsabilidad, ética en el más amplio sentido del término y con visión de largo plazo, con un alto sentido social y la convicción de la trascendencia de su hacer; con ideología y conciencia de nuestros deberes y de nuestros haberes

Efectivamente, el futuro de México requiere de una ingeniería nacional y nacionalista, fortalecida, activa, consciente de su responsabilidad, ética en el más amplio sentido del término y con visión de largo plazo, con un alto sentido social y la convicción de la trascendencia de su hacer; con ideología y conciencia de nuestros deberes y de nuestros haberes.

Si no actuamos de inmediato, se seguirá estrechando el espectro de nuestras posibilidades, tanto de trabajo como de desarrollo profesional.

Otro aspecto delicadísimo que debemos analizar con detalle, es la influencia de los grupos extranjeros participantes en la selección de la tecnología que importamos, que a menudo responde más a la conveniencia de sus exportaciones que a la de nuestras necesidades.

Nosotros tenemos que hacer lo necesario para que esto no suceda y ser conscientes de que “el tiempo es un recurso natural no renovable, y ya no nos queda ni un minuto que perder.”

Considerando además que todo esto, erosiona también, desde su base, la formación de profesionales de la ingeniería, de investigadores y tecnólogos; la pirámide completa de nuestras capacidades técnicas, cancelando desde hoy las posibilidades del mañana.

El Ing. Jiménez Espriú acompañado, entre otros, por el Ing. Salvador Landeros y Alfonso Romo Garza Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República. SCT.
El Ing. Jiménez Espriú acompañado, entre otros, por el Ing. Salvador Landeros y Alfonso Romo Garza Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República. SCT.

Debemos, por ello, impulsar la enseñanza de la ingeniería y el desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Somos ingenieros enamorados de una profesión extraordinaria, pero somos antes y sobre todo, mexicanos apasionados por su Patria que no podemos aceptar su sometimiento, en aras de una modernidad sin alma. Y debemos reconocer que de lo que hoy hagamos o dejemos de hacer, depende el futuro de México.

Es necesario actuar, sin precipitaciones, pero sin pausa; con un espíritu positivo, decidido, basado en la claridad de nuestras reflexiones y en nuestra visión de futuro; sin ilusiones virtuales, con pragmatismo sereno, con ideales sólidos y con principios nacionalistas.

Esto y el conocimiento del talento de los ingenieros mexicanos, me llevó a solicitarle al presidente de la República, cuando me hizo el honor de invitarme a encabezar la Secretaría de Comunicaciones y Transportes su autorización, que me dio de inmediato, para promover el apoyo a la ingeniería mexicana, a la industria de la construcción y la consultoría nacionales, a la formación de profesionales y técnicos y al desarrollo tecnológico. Sin descartar desde luego la colaboración internacional o la adquisición de tecnologías con las que no contemos, pero como complemento, no como injerencias condicionantes o como imposiciones contractuales.

¡Hagamos lo necesario para desarrollar a México los mexicanos! Como en tiempos lúcidos de nuestra historia, seamos nosotros, nuevamente, los constructores de nuestra nación.

Existen aquí el talento y la vocación. Los hechos del pasado a los que me he referido, nos demuestran las capacidades nacionales para lograrlo.

No se trata de hacer una apología del pasado y una solicitud de regreso, sino de considerar lo que ha sido y será de utilidad de nuestros acervos, de lo que debemos preservar, estimular y promover.

No planteo una lucha por el gremio, sino una cruzada gremial por la dignificación profesional y por el futuro de la nación, combatiendo la corrupción en su concepción más amplia; sin contemplaciones ni tolerancia alguna con esa lacra que va desde la traición a la ética profesional, hasta la que se cuantifica en pesos y centavos o deviene en conflictos de interés.

Tenemos un enorme compromiso ético de la mayor trascendencia, tanto quienes estamos en el sector público como quienes laboran en el privado, entendiendo por compromiso ético, no sólo el del ámbito que se refiere a la extorsión, el cohecho o a la manipulación económica: “la coima” o “la mordida”, o se realiza a través de sobornos de toda laya, sino también y especialmente la que se deriva de una profesión mal atendida, descuidada o sin escrúpulos.

Cada centavo del presupuesto público que se va por el caño de la corrupción o que se gasta de más por la ineficiencia o la incompetencia, es un robo al bienestar del pueblo, una colaboración a la perpetuación de la pobreza en la que se encuentra la mitad de la población nacional y por tanto, un acto de lesa humanidad.

A su combate, los ingenieros mexicanos, estrechamente vinculados con la construcción de la obra pública nacional, tantas veces relacionada a los más lamentables fraudes a la nación, deben estar empeñados y comprometidos sin cortapisa alguna.

Soy consciente de que no todos los problemas que aquejan a nuestro país los puede resolver la ingeniería, pero estoy convencido de que ningún problema puede ser resuelto integralmente, si no tenemos una ingeniería nacional sólida y consistente.

Estimadas y estimados compañeros: los invito a hacer nuevamente de la ingeniería mexicana, de nuestra ingeniería, la profesión respetadísima que nos ha sido dable ejercer, a muchos durante muchos años, pero a todos con pasión y plenitud, la profesión fundamental que requiere el futuro de México, para el logro del bienestar de la población toda.

He sido, desde mi ingreso a la Universidad Nacional, testigo y en momentos protagonista de más de sesenta años del devenir de México y de la participación de la ingeniería mexicana en la construcción física, política, cultural y social de nuestra nación. Sé lo que la ingeniería mexicana es capaz de realizar, porque lo he visto y vivido por seis décadas y porque conozco bien lo que los ingenieros mexicanos que nos precedieron hicieron en momentos brillantes de nuestra historia y que testimonia que cuando las decisiones políticas se sustentan en el talento de los mexicanos y en los intereses de la nación, encuentran solución nuestros problemas y se consolidan nuestras aspiraciones de libertad, de independencia y de soberanía.

Acabemos con el flagelo de esa sentencia que Gabriela Mistral señalaba como una  indicadora y que me ha marcado de por vida: "todo el desorden del mundo viene de los oficios y las profesiones mal o mediocremente servidos", "político mediocre, educador mediocre, médico mediocre, sacerdote mediocre, artesano mediocre, esas son -nos decía- nuestras calamidades verdaderas", porque estas calamidades, expresadas así hace ya muchas décadas, han sido, con las excepciones que nos dan esperanza, crónica también de nuestras realidades recientes.

Hagámoslo levantándonos otra vez en armas, luchando para rescatar nuevamente nuestra independencia tan mancillada por los dogmas imperiales de la globalidad y para revalorizar los postulados de una nueva revolución, que combata la iniquidad que agobia a una sociedad con lacerantes y ofensivas desigualdades.

Hagámoslo ya, entonces, pacíficamente, con las armas del talento, de la inteligencia y de la razón; del conocimiento, de la ética y de la democracia, que son la esencia de la Cuarta Transformación de la vida nacional que propone el presidente. Hagámoslo ya, porque tan grave es el decidir sin saber como el saber sin decidir.

Rechacemos el papel que nos proponen quienes piensan que nuestro “destino manifiesto” es ser los peones de los contratistas extranjeros y seamos los arquitectos de nuestro propio destino.

Hagámoslo, en este momento particular en el que "México está desgarrado en su piel externa" y "el pueblo está quebrado a la mitad por la pobreza, la memoria y la esperanza" -los describo con palabras de Fuentes-, subrayando la importancia de una cruzada por nuestros valores, por nuestros principios y por nuestros haberes, que debe ser valiente, ardua, evidente y sobre todo efectiva.

Me siento privilegiado al decir esto ante ustedes en este magno sitio, gracias al honor recibido del ciudadano presidente de la República, hoy que conmemoramos el “Día Nacional del Ingeniero”.

Para México, la actuación de los ingenieros de hoy y de mañana, no sólo como técnicos eficaces, sino  como hombres conscientes de su papel social, por su valor y su valer, será decisiva

Para México, la actuación de los ingenieros de hoy y de mañana, no sólo como técnicos eficaces, sino  como hombres conscientes de su papel social, por su valor y su valer, será decisiva.

Su adecuada orientación hará que ese reto sea estímulo, que las acciones sean oportunas y que los resultados sean efectivamente soluciones para que el mejoramiento de la calidad de la vida llegue a toda la población, y más rápidamente a los más necesitados, que lamentablemente siguen siendo, como en los momentos de las transformaciones anteriores, mayoría.

Empeñémonos en esta gran cruzada, en un movimiento gremial y ciudadano por la dignificación profesional y por la participación de los que saben, que son muchos, en la atención de los grandes asuntos nacionales, que sólo así podremos resolverlos.

Hagamos lo que debemos y sabemos hacer, volvamos a hacer lo que hemos hecho bien y dejamos de hacer; para ser lo que debemos ser y no lo que otros quieren que seamos o algunos creen que debiéramos ser.

Y hacerlo, no en el limitado espacio de una definición simple y técnica de nuestra profesión, sino en el amplio espectro de su influencia e impacto en la vida del hombre y de la sociedad y considerando el largo plazo que requiere el futuro de nuestra nación.

Decía Torres Bodet en un bello poema:

“Como el día, la vida empieza tarde

-ay, demasiado tarde-

para el que aguarda que lo inventen otros”.

Compañeros:

“Cualquiera tiempo pasado…” ya pasó, pero la memoria guarda el testimonio de nuestras capacidades y nos obliga a empeñarlas para lograr el bienestar de las actuales y las próximas generaciones.

Hagámoslo sin reservas ni demoras, no con la nostalgia de la búsqueda del tiempo perdido, sino con el impulso positivo de la visión prospectiva de nuestros ideales y la mira puesta en un mejor futuro para México.

Colegas: hoy es un día de celebración y de compromiso, aceptemos ambos con gusto, responsabilidad  y entusiasmo.

 

Portada: Estupenda perspectiva del antiguo colegio de Minería, tomada en 1915. Reproducción Autorizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.